Aprendiendo a Vivir con Propósito

2 de febrero de 2015

 

Hoy quiero contaros la historia de G. 

G. es una chica como muchas otras nacida en un país desarrollado, en una clase social media y que ha vivido toda su vida con una buena calidad de vida. Podemos decir que a nivel material no le ha faltado de nada y ha visto sobradamente cumplidas sus necesidades básicas. G. es una chica moderna, con muchas capacidades y bien situada socialmente; buena en las relaciones con los otros jóvenes de ambos sexos y, en definitiva, con una existencia bastante plena.

Y como muchos otros y otras adolescentes, G. llegó a un punto en su vida lleno de incertidumbre y de duda. Quizá es en este momento en el que G. y el resto de jóvenes están mejor preparados a nivel formativo para afrontar la vida, mucho más que las anteriores generaciones. Y tienen a su disposición y saben dominar los mayores avances tecnológicos de la historia de la humanidad. Y sin embargo, quizá se encuentran en el momento histórico con mayor incertidumbre para su generación.

Con una crisis galopante -y que no parece acabar nunca-, con más de un 50 % de paro juvenil, con una inmensa tasa de fracaso escolar y con una mayor tasa de titulados desocupados... G. ha tenido que hacer lo que muchos otros: salir del país en busca de nuevas oportunidades. ¿Por qué? Pues porque aquí no encuentra lo que busca: ocasiones. No tan sólo un buen trabajo bien remunerado, que la llene, que le haga desarrollarse como persona al servicio de otras personas... Si no ni siquiera oportunidades de crecimiento en la formación reglada... Muchas carreras universitarias largas y con un horizonte incierto... "¿Para qué voy a estudiar diseño, si al final será muy difícil que me gane la vida con ello?"... y lo mismo para muchas otras carreras.

Mis padres, cuando llegaron a su edad tenían un camino muy marcado: trabajar, formar una familia, crear un hogar... No quiero decir que ese sea el mejor camino, ¡pero era un camino! Yo y mi generación, quizá de las primeras generaciones "tecnológicas", teniamos también un camino más marcado y con horizontes de bonanza. Mucho más difícil lo tienen ahora.

En un país estranjero

G. ha viajado a un país estranjero con el ánimo de aprender una nueva lengua, conocer una cultura diferente y vivir nuevas experiencias. Y no ha sido fácil, porque lo que nos enseñan las películas no siempre se corresponde con la realidad. G. ha tenido que luchar para adaptarse a una sociedad diferente, con personas de diferente forma de ser, a una convivencia muy distinta a la que estaba acostumbrada... Ha debido luchar con personas explotadoras, con crisis nerviosas de casi-desconocidos, con lugares apartados... ha debido luchar con la soledad que sólo conocen quienes tienen que pasar muchos meses a miles de kilómetros de su hogar...

Y ha luchado, lo ha hecho por un propósito... ¿y qué mejor que vivir con propósito? Su propósito es crecer día a día, aprender a escoger su camino, aprender a equivocarse, aprender a sacar lecciones de esos errores. Hoy G. es un ejemplo para muchas otras personas de su generación que no han tenido esa valentía y ese arrojo de ponerse un propósito en su vida. Y también es un ejemplo para todos nosotros "sus mayores", que muy a menudo con nuestra pasividad estamos permitiendo que tengan que buscarse fuera lo que podrían tener en casa: un buen PROPÓSITO para sus VIDAS.