Amar tu trabajo, la clave del éxito

Autor

Carlos Caballero
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Lo primero que intento captar en los asistentes a mis cursos es la cantidad de amor que ponen en su trabajo. ¿Por qué? Pues porque si uno no ama lo que hace, difícilmente va a querer mejorar, y, por consiguiente, difícilmente va a querer aprender. Y ya sabemos que cuando uno no quiere aprender, no aprende.

En muchas ocasiones, debo invertir gran parte del tiempo del curso en despertar ese amor por el trabajo, en que las personas busquen en su interior lo que les mueve cada día para levantarse por la mañana y dirigirse a su trabajo. Y las motivaciones que cada uno tiene son tan distintas que hay que "jugar a muchas bandas": algunos -quizá los más- lo hacen por dinero; unos pocos, lo hacen porque les gusta; otros, por crecer... 

Sea cual sea tu motivación, siempre digo que si pones amor en lo que haces, seguro que el resultado es mejor. Sea cual sea la tarea, ya sea limpiar, archivar, atender a clientes, tomar decisiones o crear... con amor seguro que tu labor mejora.

Y ya no sólo por el bien del resultado merece la pena poner amor en lo que haces. Lo mejor es que con amor, te mejoras a ti mismo, tu percepción hacia lo que haces, tu propia autoestima. Y eso es muy importante.

Muchas veces, mirar las cosas desde el polo opuesto ayuda a comprenderlas. ¿Cómo te vas a sentir si detestas lo que haces? Seguramente te sentirás mal contigo mismo, sentirás que estás perdiendo el tiempo, desperdiciando una parte importante de tu vida. Probablemente no te vas a sentir orgulloso de ti mismo... ¡Y qué agotador, levantarse cada día para ir a un trabajo que desprecias! Seguro que nada lo compensa, ni tan siquiera la nómina a fin de mes...

Cuando me encuentro con personas que me reconocen sentirse así, cuando los lunes son tan duros que ni los viernes lo compensan, intento hacerles ver que posiblemente han perdido el rumbo. Están tan obsesionados por lo mal que les va, por las tareas tan duras que han de completar, por la falta de motivación transformada en desgana, que no se dan cuenta de cuál es el verdadero propósito de su labor. "Tú no limpias la mierda de los demás... tú higienizas y dejas la habitación perfectamente pulcra para que la disfrute una familia en sus vacaciones". "Tú no te dedicas a hacer seguros, tú ayudas a proteger a las personas y sus propiedades". "Tú no aguantas a mocosos cada día, estás aportándoles una educación para su desarrollo intelectual"...

¿Diferentes formas de ver las cosas? ¡Pues claro! Todo es según el color del cristal con se mire... Por eso les digo, "¡cambia tu forma de ver lo que haces!... ¡o cambia simplemente lo que haces!" 

Si no te gusta tu trabajo, aplícate en hacer que te guste, búscale una nueva visión, un nuevo enfoque, nuevos retos u oportunidades... o ve pensando en cambiar de trabajo.

Y, sobretodo, no olvides, que amar tu trabajo es, en definitiva, amar tu vida.

 

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