Con-Formarse

Autor

Carlos Caballero
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Conformarse es un verbo reflexivo que puede significar resignarse, aguantarse, amoldarse, adaptarse o adecuarse, entre otras acepciones.

Podemos estar seguros que si el ser humano está donde está y ha logrado lo que ha logrado es gracias a no conformarse. Efectivamente, el revelarse a la realidad ha hecho que el mundo avance, que la especie humana invente y que hayamos logrado bajarnos de los árboles y caminar erguidos.

Eso está muy bien: entender que la vida nos ha de deparar momentos incorformistas en los que busquemos la mejora personal, la mejora de nuestras circunstancias o la mejora de nuestro desarrollo. Lo contrario podríamos llamarlo “morir en vida”.

Pero no es menos cierto que vivir sumido en un continuo y desmedido inconformismo nos va a impedir alcanzar la felicidad. Entendiendo la felicidad como un camino, no ya como un destino, es bien cierto que no estar conforme con nuestra realidad se lleva mal con eso de “ser feliz”… acaso ¿no quiere uno mantener un momento si es feliz con ello? Ciertamente, queremos cambiar las cosas cuando no somos felices, ¿no es así?

Cuando las personas rebasamos ciertos límites llegando a extremos exagerados, estos se vuelven en nuestra contra. El incorformismo excesivo nos lleva a la angustia, al estrés y, finalmente, a la desesperación y a la depresión.

Vivimos en una sociedad que nos educa desde muy pequeños hacia la superación: ser más, ser mejores, tener más, vencer, lograr el éxito… Vivimos vidas con crecimiento infinito, y bien sabemos que esto no es posible en un mundo finito. Sí, quizá lo sea en un mundo espiritual sin límites, pero esto no corresponde con nuestro mundo físico… ni tampoco con la mayoría de  los mortales.

Entonces, vemos que la clave estaría en lograr un equilibrio, como en todas las cosas en nuestra vida: un equilibrio entre conformarse y no conformarse. Conformarse para saborear nuestra realidad, los momentos, lo que se nos ha sido entregado, para, por qué no, dar las gracias y sentirse feliz por disfrutar de ello, o para simplemente sentir sin que una incesante marea de pensamientos inconformistas rebose nuestra mente.

conformarse

Y esto acompañarlo a continuación por no conformarse, ser crítico con nuestro entorno, teniendo ese afán de superación, de desarrollarnos a nosotros mismos, de mejorar las cosas. Todo ello con un equilibrio. Sería como realizar un largo viaje, acompasando esfuerzos con descansos satisfactorios; un viaje compuesto de búsquedas y de descubrimientos.

Como en tantas otras ocasiones, encontramos aquí también el ying y el yang: la luz y la oscuridad. Sin la oscuridad que nos envuelve al no conformarnos no veremos la luz que nos conformará.

Me gusta mucho la casualidad -¿o no?- de la propia palabra. “Con-formismo”. La etimología de su raíz, conforme, nos dice que proviene del latín conformis: compuesta por “con” (convergencia, reunión) y “formis” (forma).  Y ahí radica la magia del aprendizaje, de “aprehender” verdaderamente las cosas: sólo aprendemos aquello con lo que nos conformamos… es decir, con lo que está acorde a nuestra realidad mental.

Ciertamente, uno puede observar cosas que ocurran, pero si no “nos conformamos” con los hechos, no lo incorporamos a nuestro aprendizaje, buscaremos otras explicaciones para mantener nuestra cordura y no haremos nuestro ese conocimiento. Por ejemplo, en la antigüedad y durante muchos años, muchas personas – incluso estudiosos con grandes conocimientos – se negaron a aprender que la tierra era redonda, porque aquello se enfrentaba a sus más profundas creencias, muy arraigadas en sus mentes. Así, hasta que no se conformaron –no estuvieron en convergencia con la nueva forma- no aprendieron ese nuevo conocimiento.

Si lo miramos de otra manera, gracias a no conformarse con sus antiguas creencias, llegaron a aprender cosas nuevas. Dicen que “el maestro llega cuando el alumno está preparado”… y es bien cierto: hasta que uno deja de conformarse con lo que sabe y quiere aprender cosas nuevas, ese maestro no llega.

Entonces, conformismo e inconformismo forman parte necesaria de nuestra vida y resulta ser una gran válvula en el mecanismo de nuestra mente: nos permite fijar conocimientos, abrir nuestra mente, crear, imaginar, crecer, y, a la vez, disfrutar de nuestro momento presente, sentir, percibir, vivir…

Como idea clave final, estoy convencido que para formarse, es imprescindible no con-formarse… y también, a veces, con-formarse para disfrutar lo aprendido.