El Control de las Emociones Negativas

Autor

Carlos Caballero
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La importancia de la Inteligencia Emocional

Este término se hizo famoso en los 80 con la publicación del libro "Inteligencia Emocional" de Daniel Goleman. Una de las claves de la Inteligencia Emocional es el control de las propias emociones. ¿Y para qué controlar nuestras emociones? Pues, simplemente, porque si no las controlamos, probablemente sean ellas las que nos controlen a nosotros. Dejarse llevar por las emociones es, sencillamente, perder el control.

Somos animales racionales, pero, sobre todo, somos seres emocionales. Las emociones juegan un papel clave en nuestras vidas, ya que cumplen diversas funciones imprescindibles. Por ejemplo, emociones como el miedo, el recelo o la prudencia, sirven como protección ante posibles peligros. Las emociones como el amor, la pasión o la amistad, nos sirven para relacionarnos socialmente.

La ira, la rabia, el odio, el miedo... ¿son habituales en tu vida?

La clave está en lograr controlar nuestras emociones negativas que, bien entendidas, nos pueden hacer un gran servicio, pero que de forma descontrolada, nos van a aportar caos y problemas a largo plazo. Enfermedades como la depresión, las adicciones o el aislamiento pueden ser provocados inicialmente, con total probabilidad, por un desorden emocional.

Ya nos hablaba nuestro querido Wean W. Dyer en su obra más conocida "Tus zonas erróneas" (wikipedia) sobre emociones tales como la culpabilidad, las preocupaciones, la falta de autoestima... todo ello relacionado con emociones negativas que parten de una mala praxis en el propio pensamiento. Y ese es el origen de todo: 

Nuestro propio diálogo interno condiciona nuestras emociones.

En un principio, puede parecer que las emociones se generan de forma espontánea, que nada tiene que ver nuestra voluntad, que todo parte de nuestro sub-consciente. En parte, esto es cierto, pero sí podemos influir de forma consciente en cómo se generan estas emociones. Existe un sistema automático, el S.A.R. (sistema de activación reticular) que actúa sobre nuestro sistema de percepción para que nuestros sentidos capten aquello que nos interesa. Por ejemplo, cuando sabemos que vamos a tener un hijo, empezamos a ver mujeres embarazadas por todos lados... de repente, aparecen tiendas de bebés, de moda pre-mamá, etc. ¿Acaso antes no estaban ahí? Simplemente permanecían ocultos a nuestras percepciones, porque no teníamos interés en ello.

Pues de la misma forma que existen los llamados "puntos ciegos" -ámbitos de percepción que no son atendidos por nuestros sentidos por no ser interesantes para nosotros-, se dan en el ámbito emocional. Solemos "sentir" sobre aquello que nos interesa, que nos preocupa, que es importante para nosotros. Cuando fijamos nuestra atención en algo, aquello empieza a producirnos emociones. Y serán más profundas cuando más importancia tenga para nosotros.

Esta clave es la que utilizan los cineastas para "tocarnos la fibra" con sus películas. Actualmente están de moda las películas apocalípticas - desde "Independence Day" hasta "Armaggedon" pasando por las de zombis como "Soy leyenda" o "Guerra Mundial Z"; y cómo no las del cambio climático "El día de mañana" o "2012". En todas ellas, se empieza por miedo, horror y pena tras muertes masivas y destrucción; se pasa por la esperanza, la ilusión por la salvación y se acaba con la dicha y la alegría del final feliz. Diversas combinaciones de emociones fuertes... todas ellas nacidas desde la ficción, jugando con nuestros pensamientos y nuestra imaginación.

Así pues, me pregunto:

¿Si la ficción puede producirnos emociones, acaso no podemos hacerlo nosotros mismos con nuestro pensamiento?

Solemos revivir emociones del pasado al recordar momentos vitales, días felices, eventos importantes... también solemos sentir grandes emociones al ver fotografías o películas filmadas. Emocionas más fuertes cuando en ellas vemos a seres queridos que ya no están.

Miriam -mi querida esposa- me dice que no puede ver una foto, una escena de vídeo o ni siquiera pensar en nuestra perrita "Nuca" sin que le embargue la tristeza (Nuca murió tras dos años de lucha contra la Leishmania). ¿Qué hace que reaccionemos con fuertes emociones a nuestro propio pensamiento?

Yo tengo la teoría de que las emociones son "síntomas". Así como existe el dolor físico y que este nos muestra algún desorden en nuestro organismo... así como la náusea es una respuesta física que nos produce rechazo a aquello que lo causa, de tal forma que nos proteja el alejarnos de ello, de esta misma forma, las emociones nos avisan de que "algo no va bien". Que debemos alejarnos de aquello que nos produce una emoción negativa. Y, de la misma forma, cuando algo nos produce una emoción positiva, es indicativo de que vamos por buen camino.

Se me ocurre que las emociones que sentimos nos indican  si vamos bien, si vamos por el camino adecuado. Entonces, ¿qué ocurre cuando algo o alguien nos irrita? ¿Qué nos está indicando la ira, el enfado, la rabia o el odio? Pues nos indica que ese algo o esa persona no nos está aportando nada bueno, y, entonces, tenemos dos opciones: "quitar" ese elemento de nuestra vida o ver cuál es la causa real de ese "síntoma".

De la misma forma que te rascas por un sarpullido y el "rascar" no elimina el sarpullido, simplemente calma el picor que produce (el "síntoma"), el dar dos gritos a alguien que te enoja no va a eliminar la causa de ese enojo. Tendré que preguntarme "¿por qué me da rabia su forma de actuar?", "¿qué me lleva a sentir ese enfado?"

Normalmente no podemos controlar los actos de los demás, ni podemos controlar al cien por cien las circunstancias en nuestra vida, pero...

Podemos controlar cómo reaccionamos ante nuestras propias emociones

Esa es la cuestión: cómo actuamos, como pensamos tras una u otra emoción. Si cuando sentimos rabia ante algún acto de los demás, nuestro diálogo interno justifica esa rabia "echando la culpa al otro", o, por el contrario, nos preguntamos por qué sentimos eso...

¿Quién lleva las riendas de nuestras emociones? ¿A quién le estamos dando el poder? ¿Son los demás los que condicionan nuestro estado de ánimo? ¿Cuánto poder tienen los demás sobre cómo me siento?

Si no estás satisfecho con las respuestas a las preguntas anteriores, siempre puede tomar el control y reconducir tus emociones; no se trata de anularlas, si no de entenderlas, reconducirlas y buscar el origen de las mismas. 

(Continuará...)

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