VIVIR

3 de septiembre de 2013

 

Al final, lo que cuenta, no son los años de vida, sino la vida de los años.

 Abrahán Lincoln. 

 

Cada vez estoy más convencida de que la vida  es una cuestión de calidad, no de cantidad. No se trata de vivir mucho, sino de que nuestra vida este llena de calidad, calidad de relaciones, calidad de momentos, calidad de amor. Qué sería de nuestra vida sin amor, sin compartir, sin darse, sin propósito…sería una vida vacía. Entonces la cuestión, no es vivir mucho, sino vivir plenamente. ¿No os ocurre que hay personas a las que conocéis por breve tiempo y nos dejan una  huella? O ¿ personas que conocéis de siempre y no ocupan lugar alguno en vuestras vidas?. Hay personas que pasan por el mundo y cuando se van, nadie las echa de menos, ni siquiera sus vecinos… 

Existe una gran diferencia entre vivir y existir, aunque muchas personas crean que es lo mismo, a veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, consumiendo vida, como ese estúpido refrán que dice que: “Quien días pasa, años empuja”… como si la finalidad de esta vida fuese consumir, llegar a viejo. ¡Nuestro viaje es algo más! 

Para valorar esas cosas importantes, existe un baremo infalible, y es observar todo aquello que perdurará para siempre, todo aquello que ahora apreciamos y seguramente nos llevaremos. Nos llevaremos los momentos felices, las caricias y sonrisas que nos regalaron, la compañía de un amigo, el apoyo de los seres amados, la fe de los que creen y siempre creyeron en ti. Ese es el equipaje que nos llevaremos al viaje de  vuelta a nuestros orígenes, ese viaje que todos algún día realizaremos. 

¿Cuál es el verdadero objetivo? ¿A qué hemos venido? ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia? Sé que a lo largo de nuestra historia, el ser humano se ha cuestionado su existencia, y a pesar de las muchas teorías, no existe una respuesta genérica, ni que satisfaga a la mayoría.  Las religiones, los movimientos políticos, las asociaciones, han tratado de llenar nuestras vidas con un fin, con un significado, pero todo han sido respuestas temporales, y la búsqueda sigue. Se que todos en el fondo de nuestro ser, nos inquieta la respuesta a tantas preguntas,  que de nuevo se halla dentro de nosotros. 

La vida no ha de significar lo mismo para todos, qué habría de positivo en ello, qué sería de nosotros si todos tuviésemos las mismas necesidades, las mismas inquietudes, los mismos objetivos. Cada uno de nosotros hemos venido con un fin distinto, con un  propósito. La vida nos da, siempre nos da, ese es su objetivo. Estemos dispuestos a recibir. 

Maravillosa ecuación esta vida. Todo cabe en ella y creo que es un error intentar entenderla, es demasiado compleja, simplemente hemos de vivirla y sentir en cada momento lo grandioso de su valor intrínseco. Atrevámonos a descubrir ese significado, busquemos, viajemos a nuestro interior. Aprendamos a ver su totalidad, a respetar su valor por poco que nos parezca, a ver en los detalles la grandiosidad.  Entender que todos y cada uno de nosotros, aporta a nuestro espíritu común, nos liberará de creencias limitadoras, que no sólo no nos sirven, sino que no tiene en si mismas un significado válido para nuestro existir. 


Un gesto, una sonrisa, un hombro donde llorar, un momento para compartir, una flor, un beso, unas palabras…Todo ello forma parte de la vida, vivamos la vida y cada instante como nuestra última aportación. Demos un pedacito nuestro con todas aquellas personas que se cruzan en nuestro camino, porque muchas veces, esa es la mayor y más valiosa ofrenda. El alumno preguntó a su maestro:


-Maestro, ¿qué debo hacer para no ofenderme tan a menudo? Algunas personas hablan demasiado y otras son ignorantes; algunas son injustas y otras me invaden.

-¡Pues vive como las flores!

-¿Y qué es vivir como las flores?

-Pon atención a esas flores -continuó el maestro, señalando unos lirios-. Nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del suelo todo lo que les es útil  y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos. Es justo asumir la responsabilidad de los propios errores, pero no es sabio permitir que los defectos de los demás te incomoden. Es su responsabilidad y no tu culpa. Y si no es tuya, no te guardes la ofensa dentro. Ejercita la virtud de rechazar el mal que viene de fuera y perfuma la vida de los demás haciendo el bien. Eso es vivir como las flores. 

La vida nos da, siempre nos da, ese es su objetivo. Estemos dispuestos a recibir. Y como decía mi padre: “Señores, ¡háganme el favor de ser felices!”. 

 

Miriam.

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