Formación con emoción

28 de marzo de 2014

 

Las emociones son la tinta con la que nuestra mente clasifica los pensamientos. Con esta premisa parece sencillo entender que aquellos mensajes que nos emocionan son los que permanecen grabados en el recuerdo.

¿Quién no ha sentido o rememorado emociones pasadas al sentir un aroma, una música o al visitar un lugar? Las emociones son a menudo puentes entre momentos de nuestra vida y sin duda son referentes para nuestro pensamiento.

Es difícil no parar atención en los recuerdos que supusieron fuertes emociones, ya sean emociones intensas, de dolor, de angustia, de pasión  o de ilusión.

A mí me gusta transmitir en mis cursos altas cargas emocionales. No será la primera vez ni la última en que mis alumnos se emocionan. No será la primera vez ni la última en que yo me emociono en un curso. Contar viejas experiencias con carga emocional me supone particularmente una intensidad en la transmisión que me acerca a la gente. Abrirse a los demás es quizá el primer paso necesario para que los demás se abran.

 

Frío como una piedra, duro como el mármol, cerrado a cal y canto.

Es muy difícil "entrar en el alma" de las personas cerradas. Abrirse, tanto mental como emocionalmente es muy importante para adquirir conocimientos, para aprender verdaderamente. Es como sembrar una semilla en el asfalto... nunca llegará a germinar.

Por eso dedico una importante cantidad de tiempo a hacer partícipes a los asistentes hasta lograr que "bajen sus defensas", que "abran su mente" y que confíen en el resto del grupo.

 

Con lágrimas en los ojos...

En el primer curso que realicé en Segovia en noviembre, puse tanta intensidad en la narración de una experiencia real propia, una experiencia muy emocional e importante para mí, que llegaron a aflorar lágrimas a mis ojos. Por un momento llegué a pensar que me había pasado, que se me habían ido las emociones de las manos... Pero os puedo garantizar que toda esa emoción se transmitió y en aquella sala se llegó a erizar mucho vello y quedó aquel instante grabado en las mentes de la mayoría de las personas.

En las siguientes sesiones, aunque he logrado controlarme un poco más, siempre me sale un nudo en la garganta al explicar esa anécdota. Y es que mostrar nuestra emoción sincera es una señal de apertura hacia los demás.

 Emoción

Emocionarse juntos, en familia

Solemos ver películas que nos emocionan en familia. Que nos hacen reír o llorar, que nos producen miedo o ternura... Raramente solemos avergonzarnos junto a los nuestros que ya nos conocen y en quienes confiamos. Estas muestras de emoción no son una muestra de debilidad y podemos compartirlas sin temor.

Cuando logras incorporar a tus compañeros de curso, aunque sea durante algunas horas, a tu círculo familiar logrando así compartir emociones, parece que nacen nuevos lazos afectivos, de compromiso, de confianza, de apoyo mutuo. Por eso es positivo compartir algo más con los colegas, que no sea sólo temas de trabajo. Porque compartir emociones estrecha la unión de las personas y, en definitiva, nos hace sentirnos todos más humanos y menos máquinas.

Por todo eso, me permitirán los asistentes a mis cursos, que me siga emocionando...


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